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Las 4 barreras de la innovación para grandes empresas chilenas

Artículos publicados en distintas revistas especializadas sobre economía e innovación como “The Economist” que llevaban por título “el atractivo Chilecon Valley” o “el desafío de Chilecon Valley” son una muestra del nivel de posicionado que esta internacionalmente Chile como ecosistema de innovación. Obviamente, Chilecon Valley es un claro paralelismo entre nuestro ecosistema nacional y Silicon Valley en California, capital mundial de la innovación en la alta tecnología. No obstante, existen diferencias culturales profundas, principalmente en los sujetos que dan vida a cada uno de los ecosistemas mencionados, los cuales me gustaría explorar recogiendo el trabajo que realizarán Hansen y Nohria sobre la ventaja colaborativa de las empresas, emprendimientos y el ecosistema en general.

Las 4 barreras de la innovación para grandes empresas chilenas

Para Hansen y Nohria, la cooperación entre personas es una tendencia natural, no obstante, dentro de organizaciones y empresas no ocurre de forma espontánea, lo que en un fenómeno agregado se podría extrapolar al impacto en todo el ecosistema. Para estos autores existen cuatro barreras para que personas se comprometan con actividades de colaboración:

1. Falta de voluntad para buscar retroalimentación o aprender de otros.
2. Incapacidad para buscar y encontrar expertos
3. Falta de voluntad para ayudar
4. Incapacidad de trabajar y transferir conocimiento

Ahora bien, ¿Podemos extrapolar las cuatros barreras al ecosistema de innovación en Chile? Aunque no hay evidencia empírica, si existe un sentimiento generalizado de que están presentes a la hora de analizar la capacidad de innovar del ecosistema de innovación chileno o mal llamado el “Chilecon Valley”. Sin embargo, si existen datos relacionados con aspectos subyacentes a las cuatro barreras de Hansen y Nohria, esta es la confianza, la comunicación y la cooperación.

Sobre las primeras barreras existen cifras devastadoras, mientras que el promedio de la OCDE es de 59%, y los países con mayores cifras oscilan entre el 86% y el 89%, Chile ostenta el peor índice de confianza en la OCDE, con solo un 13% de confianza en los otros. A lo que se suma, los mayores índices de desigualdad en la misma organización.

Sobre los últimos dos puntos, Chile presenta un bajo nivel de transferencia de la difusión del conocimiento e I+D entre empresas y universidades. Esto es altamente riesgoso a la hora de analizar la capacidad de nuestro país de impulsar el desarrollo a través de la innovación. La transferencia de conocimiento y el trabajo conjunto entre academia e industria no presenta niveles de actividades que nos permitan decir que existe una comunicación fluida ni menos una cooperación cercana de forma generalizada.

Finalmente, la cultura de los Venture Capitals en este país está cambiando pero falta todavía para superar las mismas 4 barreras ya presentadas. Es importante que los VC busquen retroalimentación para ser parte en mejorar el ecosistema y no meros espectadores esperando por negocios validados sin estar dispuestos a trabajar y transferir conocimiento a sus emprendimientos. Luego la caída en un 18% de inversión en el último año refleja que no hay buenos emprendimientos escalables o no hay negocios con retorno inmediatos, pero también puede ser interpretado como la incapacidad de buscar y encontrar expertos más talento. Finalmente, si los VC buscan el control del emprendimiento esto refleja una clara falta de voluntad para ayudar a los emprendimientos en una relación ganar-ganar.

Hemos llegado a un punto del desarrollo del sistema económico imperante donde las problemáticas nos incitan a colaborar para poder resolverlas, tanto dentro de organizaciones como dentro de las fronteras nacionales. La colaboración ha sido parte fundamental del desarrollo humano, y lo sigue siendo a pesar del peso que ejerce la cultura actual que sobredimensiona aspectos como la competencia y el individualismo como valores universales de la interacción del ser humano. Pareciese que antes de una revolución en términos económicos, tendremos que experimentar una revolución culturar que tome los valores de la confianza, la cooperación y comunicación para una sociedad innovadora y transformar las barreras de desconfianza en un solo territorio de comunicación, confianza y colaboración.

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